miércoles, 9 de mayo de 2012

Música del África Negra. (15)

La música del áfrica


Tambores axilares, de tensión variabley un  tambor de tensión fija
Aunque su existencia, como aspecto principal de las civilizaciones africanas, se conozca desde largo tiempo en el mundo occidental, el conocimiento de la música del África Negra dista mucho de haberse completado. Al comentar el número y la calidad de las grabaciones hecho que, en estos últimos años principalmente, se halla cada vez más generalizado aparece con mayor claridad la inmensa variedad de este universo musical. Es lícito pensar que, en última instancia, el único rasgo que puedan poseer en común tantos estilos y tipos distintos de música es el de pertenecer todos a esta amplia categoría musical definida por el doble techo de la ignorancia completa de la escritura musical y no descansar sobre ninguna especulación teórica sobre la física de los sonidos.
 La música del África Negra es en su totalidad de tradición oral. 
Puede afirmarse que es primitiva rotundamente no, tantos si tomamos la palabra en su sentido absoluto como en su sentido relativo.
Como es sabido, el hombre primitivo hace ya muchos siglos que desapareció de la superficie de la tierra; y con el desapareció su música.
Ello no impide que, tanto en África como en otras partes, hayan subsistido en ciertas esferas, en las de la magia y lo religioso especialmente, aspectos extraordinariamente arcaicos de la música.Comparada  con otros tipos de música relativamente primitivos que han subsistido (la de los aborígenes australianos, por ejemplo), la música africana se presenta en bloque como un arte infinitamente posterior pero en el interior de este bloque existen tantas diferencias entre géneros musicales como puedan existir, por ejemplo, entre tipos de organización social.
La historia de África Negra  ha sido muy agitada, y las diversas civilizaciones africanas representan etapas tan diferentes en la evolución de las sociedades que no es extraño encontrar, en el continente africano, instrumentos y formas musicales pertenecientes a estadios de la evolución musical muy distantes entre sí.
Los zumbadores, distintos tipos de raspadores, los más primitivos tipos de arco coexisten con formas muy evolucionadas de arpa o de xilófono. Sin duda es el tambor el instrumento que presenta mayor variedad es tipos por su talla, forma, construcción, material empleado o técnica: tambores con una o dos membranas, tambores de madera, tambores de ficción, tambores de barro, tambores de agua, tambores de tensión variable en forma de reloj de arena, tambores destinados a finalidad es puramente musicales o a trasmitir un mensaje; golpeados unos con la mano, otros con la ayuda de las correspondientes baquetas; utilizados unas veces individualmente, otras por parejas, algunas veces formando una batería más o menos numerosa se ha registrado en Uganda una batería de quince tambores, cada uno de los cuales interpretaba una parte rítmica distinta.
Tras los tambores, son los instrumentos de cuerda los que presenta una mayor variedad: arcos musicales con o sin elemento resonador, y cuya cuerda es a veces golpeaba, a veces puesta en vibración mediante el soplo, otras veces raspando el mango; existen asimismo pluriarcos, arpas arqueadas, algunas de las cuales, provistas de clavijas de marfil y mango esculpido, son de manufactura muy refinada; además, hayamos cítaras con un número variable de cuerdas, algunas veces hiladas (Dahomei, Nigeria), arpas- laúdes con inmensas cajas de resonancia y provistas incluso de 21 cuerdas, arpas -cítaras de hasta dos metros de longitud, laúdes, liras, estas últimas únicamente en África Oriental.
Tambores, silbatos y cítaras de una sola cuerda son utilizadas a menudo al servicio de un lenguaje musical que imita las inflexiones de la lengua hablada. El único instrumento que parece haber inventado África está constituido por una serie, más o menos numerosa, de lengüetas flexibles, metálicas o de procedencia vegetal, dispuestas unas al lado de otras, sostenidas por dos puentes y fijadas a la tabla de una caja de resonancia. Se toca con los dedos pulgares. Se la designan con el nombre de sanza, uno de los muchos con que este instrumentos conocido en África, y del existen multitud de modelos diferentes. El clarinete no está muy extendido, tiene siempre lengüeta propia. El oboe  se halla en las regiones de influencia islámica, al igual que unas largas trompetas metálicas.
Las trompas son generalmente traveseras, a veces compuestas, otra simples, construidas de cuerno de antílope, de marfil o de madera. Poseemos menciones de orquestas de trompas de marfil que agrupaban un centenar de estos instrumentos. El sonido de ciertas trompas es deformados gracias a una membrana generalmente procedente de un capullo de araña que sirve de mirlitón. 
El africano rechaza el sonido puro.
Prefiere los sonidos de timbre muy rico, y siempre halla el modo de añadir al sonido fundamental infinidad de armónicos parciales o parásitos que mitigan el timbre fundamental, le hacen se sean, rechinar, chirriar, y todo con una finalidad de simple delectación auditiva, algunas veces también para hacerlo más terrorífico.
Jovenes muchachas tocando un curioso instrumento
golpea muslos. Itcha. Dahomey
Foto G Rouget
Flautas y silbatos se emplean a menudo en grupos, logrando una música verdaderamente bella,nmal igual que en otras regiones, las flautas oblicuas poseen un sonido áspero, mucho más próximo al silbato que al sonido de la flauta.
Las campanas de hierro, simples, dobles e incluso séxtuplos son, muy a menudo, percutidas externamente, en tanto que las de madera están provistas de un badajo en su interior.
Sonajeros, cencerros, brazaletes, clavijeros o cinturones de danza adoptan las más variadas formas y producen los efectos más diversos, desde el más tenue murmullo hasta el más espantoso estruendo. El instrumento llamado golpeamuslo está formado por una larga calabaza vaciada y abierta en una de sus extremidades, se toca por percusión, y como su nombre indica, sobre el muslo del intérprete, y cloquea de la forma más delicada y confidencial.

Estilos

En lo que concierne a estilos musicales, muy esquemáticamente, Africa parece estar dividida por una línea horizontal entre el trópico de cáncer y el Ecuador, más próxima a este que a aquel esta línea de limita dos grandes regiones, relativamente homogéneas sí se consideran por separado, y con caracteres muy definidos si tomamos una de ellas en oposición a la otra.
Esta línea divisoria, discontinua, sinuosa, a menudo sombreada por zonas de transición, deja al norte todo el Senegal y el Sudán, y al sur los grandes bosques de Guinea y el Ecuador, así como toda la zona de Africa Austral.
La línea, evidentemente no elimina posibles enclaves. Va más allá de las fronteras lingüísticas, antropológicas, políticas geográficas tradicionalmente admitidas por los africanistas.
Nos sentimos tentados de interpretarla como la manifestación de dos sensibilidades musicales distintas, la que podríamos denominar música y de la selva y la que llamaríamos música de la sábana o como la separación entre una música puramente negra y una música en su origen negra pero que ha sufrido directa o indirectamente la influencia del islam.

Música negra
Oboe Foto Brandily


He aquí los rasgos que podrían caracterizar a nuestro parecer, la música de la región que, para facilitar la exposición, y con toda la reservas posibles, llamaremos puramente negra: emisión natural de la voz (natural de acuerdo con nuestras concepciones occidentales, cuando menos); la tendencia a utilizarla en su registro grave, tendencia notable entre las mujeres, cuyas voces a partir de la pubertad, se confunden fácilmente con las de los hombres; la práctica generalmente preferida del canto colectivo; el carácter menudo mixto de los coros; la organización, frecuentemente polifónica, de la música coral; el empleo predominante de la escala pentatónica; la inclinación hacia los grandes conjuntos que consiguen, a través de mil artificios de instrumentación, sutiles combinaciones de timbres; y finalmente, y perdonando la imprecisión de los términos empleados, una cierta fluidez y dulzura en la materia sonora.

Polifonías vocales


La polifonía, la palabra, tomada aquí en su sentido etimológico, designa una oposición a homofonía, o sea una interpretación simultánea de varias partes musicales, es en Africa un rasgo demasiado importante de la música, y en especial de esta música de la selva para que no nos detengamos en el.
Ciertamente las técnicas polifónicas varían considerablemente de un pueblo a otro, pero en el cuadro general que hemos propuesto destacan tres tipos principales. La última de estas tres, la de los baulés, un pueblo importante de la Costa de Marfil cuya música ha sido ampliamente divulgada a través de discos, puede tomarse como ejemplo.
Atrae de ellos una especie de diafonía la palabra se toma aquí también en su sentido etimológico, por oposición a sinfonía estructurada en terceras paralelas, que parece específica de esta región, y sobre la que se canta largas y variables melodías, cortadas en frases de desigual duración, subrayadas por nota sostenidas, y encadenadas unas a otras como guirnaldas.
 El coro, cuando interviene, es poderoso y macizo; se detiene y sobre consonancia es perfectas, especie de acordes simultáneos que resuenan largamente y contrastan con la movilidad de la diafonía al mismo tiempo que la equilibran.
Los pueblos que acostumbran a cantar en terceras paralelas utilizan del mismo modo algunos de sus instrumentos en especial el arpa bifurcada.
En Africa Ecuatorial, los procedimientos de la polifonía vocal son distintos.
Un cantor, un hombre o mujer, conduce la melodía que es expuesta y modificada con mayor o menor fortuna en la improvisación según el talento del intérprete.
El coro hace oír una especie de ostinato sobre dos o tres notas, cuya fórmula cambia a veces siguiendo el curso de la melodía principal.
Llegado el momento, una segunda voz se mezcla con la primera, ya sea para darle una respuesta, ya para añadirle una parte completamente distinta e independiente.
Otros tipos de polifonía vocal, por completo un aparte de las descritas anteriormente, merecen nuestra atención: la de los pigmeos y bosquimanos por una parte la de los fulbe bororos por otra.
Los pigmeos de la selva ecuatorial y los bosquimanos del desierto de Kalahari son gentes de pequeña estatura y cazadores completamente distinto que los anteriores, pero nómadas también, los fulbe bororos (Níger y Nigeria) son gentes de elevada estatura, que se dedican a la cría de ganado bovino.
Mujer del Senegal
foto G. Rouget
En todos ellos, la música instrumental, muy pobre, está como atrofia da en beneficio de una música vocal extraordinariamente desarrollada. Y termina, aparentemente, todo parecido entre ellos.
Pigmeos y bosquimanos se distinguen del resto los habitantes de Africa por su costumbre de yodler (palabra tomada de una peculiar inflexión de la voz típica de las gentes que interpretan los cantos tradicionales del Tirol, es la que nos da una imagen lo más aproximaba posible de su modo de cantar, especialmente entre las mujeres) característica es, asimismo, su manera de combinar polifónica mente las voces: cada una hace oír una especie de círculo melódico rítmico, y todas se confunden implicadas unas con otras en los grandes conjuntos que se renuevan continuamente por medio de grabaciones se ha llegado al poder descifrar hasta siete partes distintas de una polifonía bosquimano.
Además, estos cantos, ligados casi siempre a una danza (para ritos relacionados con la caza entre los pigmeos, con curaciones entre los bosquimanos) se ejecutan sin intervención de ningún director de coro, pues toda noción de director es extraña a la música africana y, generalizando, a cualquier música no escrita que el papel del músico conductor, tal como se da necesariamente allí donde existe una música colectiva, éste un carácter completamente distinto.
Las melodías de bosquimanos y pigmeos son generalmente pentatónicas, raras veces tetra tónicas o tri tónicas y se caracterizan por la frecuencia de intervalos muy separados.
La polifonía de los bororos no es comparable a la precedente más que en la carencia de textos, y en que los cantores sólo dejan oír, generalmente, vocalizaciones. Menos movidas, las voces se escalonan en los grados de un acorde perfecto y engendrado un sentimiento de armonia. Por su sonoridad, gravedad y solemnidad, se han comparado ciertos coros de hombres bororos a la interpretación de un órgano. Bororo, pigmeo o bosquimano, su técnica polifónica no debería ser omitida en ninguna historia general de la música coral: tal es su valor tanto desde el punto de vista artístico como desde el de la musicología.

Función de la música


Un aspecto muy importante del arte vocal polifónico o no es el de la frecuente deformación o transformación de las voces, ya sea mediante el empleo de una técnica especial, ya gracias a algún tipo de artificio, generalmente un mirlitón.
En muchos casos, la voz desfigurada desempeña un papel instrumental en cuanto a los instrumentos de música, se utilizan en las más diversas formaciones función de consideraciones rituales o sociales por lo menos tanto como en vista a producir unos efectos estrictamente musicales. Al lado de instrumentos que han perdido su carácter sagrado y se han transformado en algo de uso profano, otros, cuya visión puede estar prohibida bajo pena de muerte para las mujeres y los no iniciados, poseen importantes virtudes religiosas o mágicas casi todos los instrumentos tienen una apropiación muy estricta y rigurosa.
Tal tipo de tambor sólo puede hablar en presencia del rey, en su honor, y mientras éste viva.
Tal tipo de calabaza, en cuya apertura se sopla de un modo brusco y a intervalos, mientras se golpean sus lados con un grupo de sonajeros al tiempo que se murmura las palabras desgracia, desgracia, se utiliza, al lado de un pluriarco, un par de dobles campanas de hierro y tres tambores, en los funerales.

Trompas traveseras muy adornadas. Madi
Uganda Foto K.P. Wachsmann

Algunos instrumentos sólo se encuentran en manos de esta importante categoría de músicos profesionales que son los hechiceros. Existe en la casi totalidad de Africa del tipo de personas dedicadas por entero a la música como consecuencia de la función social que ejercen; tal es el caso, por ejemplo, de ciertos chantres reales, pero es únicamente las regiones sometidas a la influencia del islam donde se encuentran los hechiceros propiamente dichos; estos poseen una situación social muy particular: pertenecen a una casta, y, en consecuencia, sólo se casan entre ellos, son músicos por derecho hereditario y hasta hace poco tiempo no eran sepultados más que en lugares especiales.
Son los cronistas de una sociedad que desconoce la escritura.
Tiene a su cargo el actualizar, con ocasión de un acontecimiento importante, y mediante largas recitaciónes declamadas, salmodiadas o cantadas a plena voz, la historia del país, de sus grandes jefes y de sus principales familias.
Son también los aduladores inagotables, a los que se paga hasta arruinarse por completo con la única finalidad de oírse hablar en público por ellos con frecuencia, son músicos ambulantes, y algunas veces acróbatas.
Sus principales instrumentos son el violín provisto de una única cuerda de crin de caballo, un oboe derivado del instrumento árabe, el xilófono, el arpa, un laúd de cuatro cuerdas o el tambor de forma de reloj de arena. Mencionaremos también las orquestas tan características de los sultánatos de la región del Chad: oboes, timbales y largas trompetas tan escolta, a caballo generalmente, a los sultanes o jefes importantes.
Las variedades de hechicero son innumerables. Un poco al margen de esta categoría de músicos, pero no obstante, relacionada con ella se encuentra, en extremo del lado de la virtud, el tipo de El ciego devoto que, en el Senegal y en las reuniones de fieles, canta la gloria del profeta, de los califas y de los santos morabitas de la secta;
en el extremo opuesto del lado del libertinaje hayamos a la prostituta o alcahueta, para la que se puede afirmar que el canto es quizá lo más importante que su aparato profesional.
Este último tipo de hechicera, a decir verdad excepcional, parece peculiar de los songais, un pueblo del Níger que poseyó un importante imperio en el siglo xv.
En ningún otro lugar de Africa a excepción del país de los zermas, un pueblo vecino a los songais, la voz femenina alcanza un grado tal de estridencia. Sobre aguda y muy tensa, recuerda el teatro chino, máxime si se tiene en cuenta que se sirve según pentatonismo estricto. Éste no es el único caso en que la música del Sudán se reviste con un desconcertante carácter asiático.


Los cantos femeninos


Llevando también la voz hasta el límite de sus fuerzas, especialmente en los agudos, pero con una tesitura mucho más extensa que alcanza muchas veces la doble octava, la hechicera mainké nos muestra un nuevo aspecto de la música vocal sudanesa. Heptatónica pero notó inspirada, no es necesario decirlo, la melodía despliegan sus volutas con gran riqueza de adornos; se inicia con un fortíssimo en los agudos, desciende lentamente por grados, y tras algunas notas ascendentes, concluye muy piano que las notas graves aunque la voz un o trabajaba en el sentido que nosotros vamos a esta palabra, todos los recursos son empleados en el momento conveniente, de tal suerte que nos hallamos presencia de una forma de bel canto al estilo sudanés. Esta escuela de canto, y con ella esta estética de la voz que se utiliza de una forma, en cierto modo atlética para extraerle ante todo una impresión de fuerza, acaso yo sea estrictamente propia de los países de la Guinea.
La mujer sudanesa, cuando no es profesional, se ciñe a unas formas melódicas más simples que las de las hechiceras, y se mueve en el interior de una tesitura más restringida. Ocurre, sin embargo, que adopta una voz de cabeza muy aguda, pero únicamente para cantar pianissimo. Algunas veces surge del interior de una cabaña, común en un murmullo, una voz muy dulce, aérea, muy ligera y un poco ajena al mismo tiempo, alguna, menuda e irreal: se trata de una mujer que canturrea para sí misma, mientras trabaja en el patio o en la casa. Estos cantos íntimos poseen una feminidad y un encanto incomparables.

El estilo hechicero


También entre los hombres, el repertorio, con todo lo que ello implica: modo de emitir la voz, forma melódica, escala, acompañamiento instrumental, es muy distinto sí se trata del perteneciente a los hechiceros o del de los campesinos; incluso aceptando que el repertorio que el hechicero comprenda, para un un mismo pueblo, distintos estilos.
Los hausas, que, al igual que los songhais y los malinkeses, poseyeron también un gran imperio, proporcionan la mayor parte de los hechiceros de las regiones del Níger y el Chad.
El estilo de estos hechiceros, violento y enfático (se podría hablar, atendiendo a la actuación de alguno de ellos, de hechiceros aulladores) no tiene casi nada en común con el de los hechiceros de los campos: el estilo de estos es muy semejante, por la emisión relativamente normal de la voz y por el contorno melódico de su cantos, al de los agricultores sudaneses.
Hablando en términos generales, desde el Senegal hasta el Chad, una gran parte de los cantos del hechicero obedecen, más o menos rigurosamente, al siguiente esquema: se inicia bruscamente con una palabra cantada, por no decir que citada, lo más fuerte posible y en la cima de la voz; si un periodo salmodia en el registro medio, y se termina con una desinencia descendente en las notas graves.
El órgano más gusto no resiste mucho tiempo un régimen de este estilo, y la voz que el hechicero, casi siempre reconocible por su timbre ronco, está muchas veces cascada, hasta el punto de resultar sorprendente que una voz de esta naturaleza sea capaz todavía de emitir un sonido.

Fronteras de la música negra

A pesar de la importancia de la población negra en Abisinia y Egipto, no hablaremos aquí de la música de estos dos países porque sobre pasaríamos los límites del plan dedicado este estudio.
En Africa Occidental, la música de Mauritania constituye el puente entre la música islámica del norte de Africa y la música negra. La mezcla de estos dos mundos, en la que predomina la influencia del primero, se traduce incluso en los términos empleados por los músicos moros para designar ciertos aspectos de los modos musicales: procedencia negra, procedencia blanca.
En las antípodas, Madagascar constituye un. Igualmente complejo, pero esta vez, es el Asia del Sudeste la que ha vendido al encuentro del Africa Negra.

Texto de Gilbert Rouget

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