sábado, 23 de marzo de 2013

Autoestima y relaciones afectivas.

La felicidad parece estar hecha para ser ejercida y compartida. 
David G. Myers. 
La búsqueda de la felicidad, 1992

A lo largo de nuestro trayecto por este mundo, casi todos vivimos situaciones muy diversas e inmutables momentos que nos alegran la vida. Excepto esas memorables ocasiones felices, programadas o imprevistas, que conscientemente grabamos para siempre en nuestra autobiografía, los instantes gratos sólo suelen dejar una huella de deleite temporal. Sin embargo, si nos paramos a pensar sobre cuáles han sido las experiencias más agradables y tratamos de identificar las parcelas primordiales de nuestra dicha, la gran mayoría de los hombres y las mujeres, independientemente de su edad, su personalidad, su estrato social o el país en el que habiten, apuntan a las relaciones afectivas con otras personas, bien sean de pareja, de familia, de amistad o de simples conocidos, con los que comparten aficiones, valores o alguna cosa en común. En segundo lugar suelen elegir el trabajo en el sentido amplio de la palabra porque, me refiero a aquellas ocupaciones o actividades gratificantes, remuneradas o no que implican cierto esfuerzo y empleo de nuestras habilidades o talentos.

Relaciones afectivas

La conexión entre relaciones y autoestima es de doble dirección. Casi todas las personas que gozan de la capacidad para forjar y mantener buenas relaciones consideran que estos vínculos afectivos constituyen un componente fundamental del concepto de sí mismas y suman puntos a su autovaloración. Al mismo tiempo, las personas con una autoestima saludable suelen conectarse mejor y desarrollar buenas relaciones con los demás y se sienten más seguras y confiadas en situaciones de intimidad que quienes se infravaloran o que aquellas cuyas altas autovaloraciónes están basadas en cualidades narcisistas de dominio y de poder sobre los demás.
Muchas personas son conscientes de que las relaciones gratificantes protegen su autoestima en momentos bajos o de gran vulnerabilidad. Está de sobra demostrado que desde la infancia hasta el último día de la vida las buenas relaciones afectivas constituyen el mejor antídoto contra las consecuencias nocivas de cualquier amenaza contra la propia identidad. La cohesión familiar, el amor de pareja, el espíritu fraternal y el “idealismo solidario” son factores protectores del “ yo”.

La unión con nuestros compañeros de vida constituye un remedio eficacísimo contra todo tipo de adversidad, sea un fracaso personal, una grave enfermedad, la pérdida de un ser querido, un desastre natural, un percance imprevisto o una agresión cruel, física o mental. Los individuos que se sienten genuinamente vinculados a otros seres cercanos superan los retos y escollos que les plantea la vida mejor y más rápidamente que quienes no cuentan con el soporte emocional de algún semejante.

Esto me trae a la memoria la historia del psiquiatra francés Boris Cyrulnik. Nacido en una familia judía que emigró de Rusia a Francia. Cyrulnik escapó, cuando sólo tenía seis años, de un campo de concentración nazi, en el que perecieron todos sus familiares. Después de pasar una infancia errante en los diversos orfanatos y familias que le acogieron, estudió medicina y alcanzó el puesto de Profesor de psiquiatría de la universidad francesa de Var, donde es un reconocido experto  en los efectos de las experiencias traumáticas. Según este psiquiatra, la capacidad para resistir y superar las agresiones continuadas, lo que él y otros especialistas hoy llaman resiliencia, depende de múltiples factores innatos y adquiridos, pero uno indispensable para que cualquier víctima “pueda construir una nueva vida soportable, consentido e incluso hermosa” es que encuentre un cierto nivel de apoyo emocional, aunque sean de una sola persona.
La práctica de la medicina proporciona contables oportunidades para observar a individuos desafortunados que, con la ayuda y el afecto de algún ser querido, convierten las dificultades en estímulos vitales, las desgracias en posibilidades y acaban sintiéndose orgullosos de su lucha.
En la escritura china y japonesa curiosamente se utiliza el mismo símbolo para expresar “crisis” y “oportunidad”.
Sentir que se pertenece a un grupo solidario revaloriza el concepto de uno mismo, y un buen concepto de uno mismo facilita a su vez la inserción en un grupo solidario. 
En una serie de experimentos llevados a cabo por el Profesor de psicología Mark R. Leary, con la participación de casi un millar de universitarios, los estudiantes con un buen nivel de autoestima tenían altas probabilidades de sentirse “incluidos” en el grupo y de percibir valoraciones positivas por parte de sus compañeros. Por el contrario, los estudiantes con autoestima pobre, tanto si estaba dañada por experiencias traumáticas pasadas o por estados depresivos, o sea del tipo narcisista, tenían dificultad para integrarse y se mostraban inclinados a sentirse “excluidos” o pensaban que sus comportamientos eran valorados negativamente por sus compañeros.
Todas las relaciones afectivas, sea del tipo que sean, requieren “mantenimiento”, adaptación y capacidad de resistencia por parte de sus integrantes. Se necesita prestar continua atención y poner esfuerzo a los cambios inevitables que acompañan el paso del tiempo, como los problemas de los hijos, los agobios laborales y económicos, los cambios inesperados o las enfermedades. Las personas que poseen la habilidad para sortear o superar estos obstáculos se sienten eficaces, algo que tienen en cuenta a la hora de valorarse a sí mismas.
También es cierto que una autoestima saludable puede ayudar a vencer estos desafíos, pues estimula la confianza en uno mismo, la fuerza de voluntad y la esperanza. La inseguridad de uno mismo o la insensibilidad egocéntrica socavan la capacidad para negociar las desavenencias o los conflictos entre las personas.
Quienes se sienten hundidos o indignados por las pequeñas ofensas de la pareja, de un familiar o de un amigo, casi siempre terminan distanciándose. Unos, impulsados por la culpa y el auto desprecio; otros, por la rabia y la obsesión con el desquite.
Es un hecho cotidiano que los hombres y las mujeres de frágil amor propio tiene gran dificultad para soportar las inevitables tensiones que caracterizan las relaciones con los demás.
 Incluso en las uniones que terminan en ruptura, a la penosa hora de separarse, las personas que gozan de un autoestima razonablemente sólida superan mejor el difícil trance.


Texto Luis Rojas Marcos La autoestima

2 comentarios:

  1. Anna, interesante artículo.
    No cabe duda que las relaciones afectivas desde la infancia hasta la vejez influyen en nosotros para superar mejor todos los obstáculos vitales.
    Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

    ResponderEliminar
  2. me interesa el texto podrias mandarmelo. gracias. orlandobpg@hotmail.com

    ResponderEliminar

SI TE INTERESA VENDO



VENDO
Antigüedades, dibujos, grabados, acuarelas, óleos de firma (Cabanyes, Enric C Ricart), papeles antiguos, libros antiguos,objetos de colección, artículos de plata, de cristal, de marfil, de bronce ... expuestos en este enlace:

EN VENTA AQUÍ
o
PINTEREST

PERFIL DE GOOGLE

ponte en contacto conmigo en los siguientes enlaces

annajorba@telefonica.net