Perfeccionismo. Deja de controlar a los demás.

Una necesidad que sienten con frecuencia los perfeccionistas es el control de los demás. Este control suele ser muy directo y exigen que los demás, los compañeros de trabajo los hijos o el cónyugue, en definitiva a todos los que tratan, que adecuen su comportamiento a los gustos del perfeccionista.
Este ajuste es muy difícil entre otras razones, porque el perfeccionista no sabe con certeza que es lo que quiere. En todo caso, la interacción con un perfeccionista es siempre conflictiva y está siempre al borde de la tensión emocional y de la ruptura. El perfeccionista necesita apoyo emocional y estima de los demás, y se sorprende porque incluso los más próximos no se la proporcionan. Este descubrimiento les abruma notablemente, a pesar de lo cual, una vez descubierta la raíz del problema, no son capaces de enmendar su comportamiento. Probablemente, la razón de esta dificultad para rectificar deriva en la creencia que los perfeccionistas tienen con respecto a su comportamiento interpersonal. En general cualquier perfeccionista aspira a tener un comportamiento interpersonal intachable, con el fin de alejar cualquier crítica hacia su persona y de paso lograr el aprecio de los demás.
 Este afán por el logro de una buena imagen ante los demás obliga a los perfeccionistas a realizar un esfuerzo ímprobo hará mantener un comportamiento interpersonal exquisito, intentando quedar bien ante todos los que le rodean.
 Por ello, no son capaces de criticar a los demás, ni siquiera de plantear sus deseos o necesidades. En todo caso, esa aspiración por quedar bien ante los demás, procurando lo mejor, impide hacer el bien, esto es, por ejemplo, realizar una corrección o una crítica constructiva. De este modo, pretender quedar bien a toda costa exige un gran esfuerzo que todo perfeccionista debe pagar para lograr su aspiración. Por otra parte esos peligros que vaticina el perfeccionista no son tales, y que en general, los demás, apenas están pendientes de su persona. En todo caso, el aprecio que puedan sentir los demás hacia el perfeccionista está más en función de las cosas bien hechas quedé los errores u omisiones en las que uno haya incurrido. Queremos decir que el aprecio de los demás no depende tanto de nuestros errores cuando de nuestros propios aciertos. 

Los perfeccionistas luchan por controlar sus sentimientos. Es muy importante para ellos dominar sus emociones, pues tal potestad es un indicador de su propio autocontrol. Pero las emociones son caprichosas y se escurren del dominio de la mente, lo cual perturba enormemente al perfeccionista. Cualquier manifestación de una emoción incontrolada supone una grave defección por parte del perfeccionista, razón por la cual intenta someter y dominar sus emociones más significativas en todo caso el control emocional es difícil de mantener y con suma frecuencia, los perfeccionistas se muestran ansiosos por este tipo de deficiencia.
Algunos perfeccionistas presentan una descompensación muy notable en la expresión de sus emociones. Así por ejemplo,  exteriorizan con gran facilidad el enfado, pero no aciertan a expresar los afectos positivos o viceversa.
En todo caso las emociones son positivas y naturales y su expresión social forma parte de la comunicación interpersonal. Lo contrario denotaría una falta de naturalidad.
No obstante la buena educación interpersonal aconseja el autogobierno emocional, porque en muchos casos, esas emociones hunden sus raíces en la propia intimidad, que como parte constitutiva la esencia del propio yo, no debería quedar fácilmente al descubierto.
El afán de controlarlo todo lleva al perfeccionista a monopolizar las conversaciones, dominando los temas de conversación al objeto de que no se quede fuera ningún detalle. Con el fin de corregir este sesgo, es recomendable limitar el control a ciertos ámbitos de la propia realidad del perfeccionista y dejar fuera de foco otros ámbitos de forma deliberada. Que el perfeccionista experimente que no ocurre ningún desastre por el hecho de no haber considerado cierta información será una gran ayuda para superar su propio problema.

El síndrome del perfeccionismo. El anacástico.
Manuel Alvarez Romero
Domingo GarciaVillamisar

Comentarios

  1. Menudo rollo ser perfeccionista, que se podría entender como la necesidad llevada al extremo de hacer bien las cosas o la excelencia ¿no?

    Saludos

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  2. Es que los perfecccionistas son controladores, no hay otra...es un problema para ellos y para los demás...

    Petons

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  3. Te explico una cosa de mi madre, que ya la he dicho pero que viene a cuento: Desgracido/a del que busca un amigo perfecto, pero es mas desgraciado el que lo encuentra. Elocuente, ¿verdad? besos.

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  4. Yo soy perfeccionista, y en cuanto leí el artículo me senti algo mal que nos tachen de controladores una cosa es un aspecto de perfección personal pero ya de querer moldear a las personas con las que convivimos es un error, tengo amigos que son unos completos desordenados y la verdad solo me da ansia el ver su casa toda desordenada pero jamas he dicho una sola palabra de haz esto o así, creo que eso ya es mas hiriente el querer cambiar a una persona..

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