sábado, 4 de mayo de 2013

Premiarnos de vez en cuando y siempre que nos encontremos en baja forma

Humberto de Jesús Viñas La magia de las caricias
Este es un principio que algunas personas siguen muy bien, pero un porcentaje, cada vez más importante, encuentra dificultades para hacerlo en su “justo término” y, por ejemplo, se convierten sin quererlo en compradores compulsivos; existe otro tramo importante de la población que no práctica esta regla casi nunca.
Premiarnos de vez en cuando, y especialmente cuando nos encontremos en baja forma, es casi una necesidad del ser humano. El niño necesita del afecto y de la aprobación de su entorno para sobrevivir; el adulto tiene otras defensas, pero también necesita sentirse reforzado de vez en cuando y, fundamentalmente, cuando está decaído.
Premiarnos no significa regalarnos algo material, aunque para mucha gente ésta parece ser la única acepción del término. Es darnos cariño, apoyo, fuerza, ánimo, confianza etc. Aunque no es incompatible con regalarnos satisfacciones de otro tipo: ir al cine, ver un espectáculo, pasear, premiarnos con nuestra comida favorita, leer tranquilamente, escuchar música, charlar con amigos etc. Y, a veces comprarnos algunas cosas, siempre cuando no desequilibre el presupuesto doméstico; lo contrario no sería un premio, si no una fuente importante de problemas.
¡No necesitamos dinero!
Sólo voluntad y convencimiento de que queremos reforzarnos. A veces tan sólo necesitamos tener tiempo para uno mismo.
Hay que tener cuidado cuando estamos en baja forma; en esa situación lo mejor es que nos esforcemos en hacer actividades que habitualmente nos gustan para que nos faciliten algo tan sano como es desconectar de las preocupaciones.
Los problemas no se solucionan únicamente pensando en ellos y dándoles vueltas y vueltas; se solucionan cogiendo distancia, analizando los con objetividad (y nada favorece tanto la objetividad como el encontrarnos bien física y anímicamente) y, además, enfocando los con cierto humor y una actitud positiva, que no tiene por qué estar reñida con una actitud realista.
Al igual que conviene que los grandes problemas los cortemos y los dividamos en problemas más pequeños y accesibles, también es aconsejable que nosotros nos premiemos cada poco tiempo.
Lo importante no es animarnos cuando ya hemos conseguido algo: será más fácil que alcancemos el objetivo es y lo hacemos con regularidad, cuando aún estamos en camino, y mucho más cuando nos sintamos débiles, flojos, de caídos y tristes; cuando todo parezca volverse en contra y no encontremos ninguna señal positiva que nos ayude a sonreír y salir de la crisis, ese será el mejor momento para reforzar nos, para animarnos y decirnos todo lo que nos queremos.
No es un objetivo fácil.
Sin darnos cuenta estamos condicionados justo al contrario; desde pequeños, cuando algo iba mal nos regañaban, difícilmente nos reforzaban; de adultos, sin quererlo, repetimos el mismo patrón y reaccionamos como lo hacíamos de niños: o bien nos regañamos a nosotros mismos porque nos creemos que somos los responsables de que algo vaya mal, o “tiramos balones fuera” y echamos la culpa a los que nos rodean.
De nuevo tenemos que trabajar para implantar un hábito sano, aún con las dificultades para introducir hábitos nuevos; cuesta pero no es imposible, cuando antes nos pongamos a la tarea antes lo lograremos.


La inutilidad del sufrimiento. Alava Reyes

2 comentarios:

  1. Si, tenemos que aprender a querernos más,a sabernos mimar cuando lo necesitamos. el amor a uno mismo se traslada después a los demás

    Petons

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